Marzo 26, 2009

“Digan lo que digan”: ¿Aló Katy?

Categoría: . cuatroojos - 4:39 pm

 

Es divertido tener a Katherine Salosny de vuelta. Hasta me atrevería a decir que hacía falta en televisión. Y llegó contenta, incluso más simpática que antes, saltona, hiperquinética, bailarina. Es la de antes… capaz de abrazarse a una cámara para saludar a un miembro del equipo que está de cumpleaños y se encuentra en la sala de dirección, conversar con las invitadas como si las conociera de toda la vida y zamarrear un poco al que se está poniendo “fome”. Esta Salosny jovial y graciosa llegó a un programa que, más que femenino, es feminista. Porque en este espacio, no hay cabida para los hombres… perdón, sí hay, pero sólo con el afán de destruirlos (al menos han ido agregando a uno que otro exponente en el público, que el primer día sólo estaba conformado por féminas).

 

La partner de Salosny es Pilar Sordo… con más experiencia en temas de pareja y de psicología, pero la mitad del encanto. La terapeuta que se hizo famosa gracias a Coco Legrand y que partió confesando que había perdido “al amor de su vida” hace un mes, trata a los chilenos de “careculo” y asegura que las mujeres son “pura boca”, que dicen una cosa y hacen otra. Con un tono de voz pitudo (a ratos más bien destemplado), explica fenómenos como la adolescencia tardía, la inseguridad que se esconde tras los celos, los conflictos en la pareja por dinero, entre varios más. Es una psicóloga más bien atípica, porque no deja hablar mucho a sus “pacientes” (que lleva a un diván en una sala contigua al escenario principal), gesticula exageradamente con cara y manos y termina casi gritando sus consejos… por hacerse la simpática termina asustando (como cuando increpó a una mujer de la tercera edad que prácticamente mantenía a hijos y nietos: “si no erís indispensable, qué va a pasar si tú no estai, se las van a tener que arreglar no más”).

 

La única vez que han invitado a un hombre a “Digan lo que Digan” (Rodney), casi se lo comieron… no sólo por lo trabajado de su cuerpo, sino porque se le ocurrió confesar dos asuntos totalmente prohibidos para un hombre chileno: que busca una mujer como su madre y que no piensa cambiar su estilo de vida por amor. Y después de toquetearle los músculos, Katy le presentó un video-sorpresa: era su queridísima madre pidiéndole que se casara luego. Y ahí estaba este personaje, que más parecía un actor, tratando de tomarse con humor los consejos que estas dos féminas y su público compinche se toman con tremenda seriedad.

 

Tiene sus gracias este programa. Como la última sección, en que regalan 50 mil pesos a personas que llegaron durante la hora que dura el espacio y demuestran tener complicidad con sus parejas (con datos como “con qué artista famoso crees que te sería infiel”). O la encuesta callejera, en que personas con dos datos sobre el caso, entregan una opinión tajante (más divertido es escuchar a Pilar Sordo decir “qué buenos somos para juzgar los chilenos”, cuando son ellos los que incentivan y piden estos comentarios). Pero la alegría de Salosny recuerda los mejores años de Eli De Caso, cuando llegó a remecer a las dueñas de casa que estaban adormecidas por las teleseries de esa hora. Salosny hace lo suyo, con una chispa que nos quisiéramos quienes estamos sentados en nuestras oficina a una hora en que la siesta nos llama a gritos.

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